Loa de diablos: prólogo de una gran danza

Hasta bien entrado el siglo XX, cuando las bandas de música irrumpen en San Juan, la belleza de las fiestas del Barrio de Atienza de Huete estaba asentada en las diferentes loas y danzas que acompañaban a las procesiones de San Juan y San Juanillo. Las loas del Barrio eran múltiples y variadas: Diablos, Pavises, Escribanos, Tunos, Peregrinos, Monagos, Marineros, Pescadores y Pescadoras, Virtudes y los siete coros.
La foto de la procesión de finales del siglo XIX que podemos ver en el portal del templo de Guadalupe refleja a la perfección lo que eran las procesiones del Santo. En cada mesa, en cada rincón se interpretaba una loa con su correspondiente danza (no había danza sin loa, aunque sí loas sin danza). De todo aquello todavía pervive el cántico de las coplas de la Loa de Pescadores que se recitan en algunas mesas del recorrido procesional.
Las loas son representaciones dramáticas breves, que sirven como prólogo a la danza posterior, explicando al público el significado de la misma. En las fiestas de San Juan se interpretan loas con su danza al menos desde 1620, lo que sabemos por el libro de cuentas de esos años, que la Hermandad de San Juan restauró el año pasado y que se conserva como verdadera reliquia y testimonio de nuestra Historia en el Archivo Parroquial de Huete.
Sin duda alguna, la loa y danza más antigua de la fiesta es la de Diablos, que durante muchos años acompañaría en solitario a la imagen de San Juan. Con el paso del tiempo se fueron uniendo las loas y danzas de Pavises (la segunda en importancia), los Escribanos, los Tunos (hacia 1845 o poco antes), y luego las demás.
Hasta el momento, la referencia más antigua que se ha encontrado sobre la existencia de los Diablos es de 1816, año en el que el Barrio es representado por esta danza en la visita que el rey Fernando VII realiza a Huete. No obstante, está claro que la Danza es mucho más antigua. Hay algunos documentos que dejan entrever su existencia. En 1741 varios monasterios de Huete invitan a las danzas de San Juan, y en los años de 1789 y 1805 se prohibió la presencia de las danzas en la procesión, lo que parece que no se consiguió.
José Santujini en su artículo sobre las fiestas publicado en 1929 decía que las loas eran «verdaderos autos sacramentales unas y entremeses las otras.». Todas las loas encajarían en el primer grupo con la excepción de las Loas de Tunos, que estaban cargadas de picaresca y humor.
La Loa de Diablos debemos entenderla como una introducción y explicación de la danza, cuya antigüedad debemos remontar por lo menos al siglo XVIII. Posiblemente el autor del texto fuera un religioso dominico o jesuita, si hacemos caso de la opinión de los eruditos del pasado (Amor Calzas, Santujini, Martínez).
Con motivo del V Centenario, el texto de la Loa fue adaptado. No se introdujo ninguna cosa nueva en él, pero se suprimieron párrafos excesivamente largos con el fin de hacerlos más comprensibles en los tiempos actuales. Se quitó pero no se añadió cosa alguna.
Gracias al trabajo desinteresado de varias personas y del esfuerzo y apoyo de la Comisión, se ha podido recuperar esta Loa, verdadero auto sacramental, cuya interpretación conjunta con la danza constituye un verdadero reclamo turístico y cultural de la fiesta.
Este año, de nuevo, como en los siglos anteriores, el Ángel enviado por San Juan Evangelista nos protegerá del mal y obligará a Lucifer y su demonio Asmodes a rendirse y a recitar un elogio sublime a nuestro Apóstol excelso.
¡Viva San Juan!  

 

 

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