Crónica de las fiestas de San Juan en 1908.

FIESTAS EN HUETE

Sr. Director de El Correo Católico.

Querido Director: Abusando de su proverbial amabilidad, y creyéndome con algún derecho, como antiguo suscriptor de su bien redactado semanario, le remito, por si se digna publicarla, una ligera reseña de las fiestas que de inmemorial tiene el buen barrio de Atienza de esta Noble, Leal é hidalga Ciudad de Huete, celebrando a su Santo Patrono el predilecto del Señor, el Evangelista San Juan.

Dada la índole de su semanario, y además por no tener tiempo material disponible para hacer una relación más sucinta y extensa, sólo puedo narrar el entusiasmo indescriptible desplegado por el honrado y religioso barrio de Atienza, en loor y alabanzas a su querido Evangelista.

Multitud de voladores atronando el espacio; una bonita función de pólvora, dirigida por el competente maestro pirotécnico señor Ramírez, de Tarancón; la gaita y tambor con sus típicas danzas y originales bailes amenizando todo esto con un buenísimo repertorio musical que la banda de música Municipal de la ciudad del Cáliz y la Estrella nos ha traído, dirigida por el competentísimo Profesor D. Casimiro Rubio, son la prueba más elocuente del delirante entusiasmo que siente este barrio querido por el Profeta entre los Profetas, Doctor entre los Doctores y Mártir entre los Mártires.

Pero donde, como vulgarmente se dice, se ha echado el resto, es decir, donde se ha desbordado el entusiasmo, ha sido en la solemnísima función religiosa.

El barrio, en honor del Amado, sin reparar en sacrificios cuando se trata de festejar a su glorioso Patrono, ha contratado los más reputados elementos de la magnífica música de la capilla de la Catedral de Cuenca, que con tanto acierto dirigió el maestro D. Rufo Fernández, Beneficiado de la misma Santa Iglesia. Dicha capilla, con la competencia, buen gusto, afinación y delicadeza que la distingue, interpretó magistralmente la gran misa en Sol, del inspirado maestro Gorriti, cuyas bellezas artísticas entusiasmaron al inmenso concurso de fieles que, arrobados, escucharon la ejecución de la obra musical tan galana.

Si a esto se agrega que espontáneamente también ha venido el reputadísimo maestro organista de la S. I. C. Basílica citado D. Julián Ortiz Peña; y que como predicador para cantar las glorias del Santo, hemos tenido al Muy Iltre. Magistral de la mencionada Iglesia, Sr Zazo, se comprenderá la excepcional brillantez que han revestido las tradicionales fiestas religiosas, sostenidas por la más férvida piedad.

El templo de San Nicolás el Real de Medina, (vulgo Guadalupe), donde se venera la hermosísima imagen del Apóstol, estaba hermosísimo; miles de luces, irradiando fúlgidamente con destellos de oro, adornaban la iglesia; y era tal el número de personas que en ella había, que hacía la atmósfera asfixiante; no recordando los más ancianos del Barrio, ni de Huete en general, tanta multitud de personas reunidas para oir la divina palabra.

Dos días ha predicado el Sr. Magistral, el 6 y el 7; pero éste espontáneamente, por lo que el barrio le adora con locura y le tiene por uno de los más esclarecidos y más queridos Mayordomos de San Juan.

Los sermones predicados tuvieron por tema o base: el del día 6, las palabras que se leen en el capítulo 10, versículo 10 del libro de la sabiduría; y el del día 7, las consignadas en el capítulo 20, versículos 20 y 21 del Evangelio de San Mateo.

Con decir que predicó el Sr. Magistral, don Eusebio H. Zazo, basta para comprender, hasta el más ignorante, cómo desarrollaría los temas elegidos.

Corto ésta, pues se va haciendo pesada.

El barrio a todos, absolutamente a todos por no querer indicar nombres, da las gracias y desea largos años de vida y dicha para que vengan otra vez a ensalzar a su esclarecido Patrón.

No olvida el barrio, tampoco, a todas las Autoridades de esta población, que han honrado con su presencia tan hermosas fiestas.

¡Loor y gloria a las mismas por su celo religioso! Plácemes miles al entusiasta barrio de Atienza, que con tanto amor venera a San Juan Evangelista.

Esto desea el último de sus mayordomos; mientras que fervientemente pide al Águila de Patmos que a todos nos conceda llegar al año inmediatos venidero para celebrar sus glorias con igual entusiasmo y fervor que en el presente, por lo menos, y cantar, como cantamos llenos de devoción y henchidos de júbilo santo: ¡Viva San Juan Evangelista!

J.A.O

Búsqueda
Archivos
Archivos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *